'Sin Ti, oh Cristo, no sabría sufrir,
De por mí no sabría afrontar las contrariedades,
Sola, no tendría el valor de beber de Tu cáliz,
Pero Tú Señor, siempre estás conmigo y me guías por caminos misteriosos'
Sor Faustina, Diario 1654
"Busca la fuerza y la luz en mi Pasión". (Diario 654)
El dolor es parte esencial de nuestra vida y por mucho que luchemos contra él, nunca lo podremos evitar. Pero no debemos tener miedo, sino intentar comprenderlo.
Debido a nuestra naturaleza física, el dolor puede, en muchos momentos realmente derribarnos, por muy fuertes que seamos. Hay muchas situaciones en la vida que parecen imposibles de superar, y en algunos momentos pueden ser causa de desesperación.
Es la parte negativa de nuestra condición humana; no sólo sufrimos físicamente, cómo el resto de los seres vivos, sino que también sufrimos moralmente, en nuestro corazón y en nuestra alma.
Nuestra sociedad, tiende a pensar que la eliminación del sufrimiento nos convertirá en seres perfectos. Parece mentira, pero cada vez son menos los niños nacidos con discapacidades, con Síndrome de Down o con cualquier tipo de anomalia física. Un gran número de bebés son curados de algunas enfermadades ya en el vientre de sus madres, pero muchos otros simplemente no llegan a nacer. El aborto junto con la eutanasia, son métodos utilizados por desgracia de manera frecuente, cuando se cree que la vida de la persona en cuestión tiene menos valor, que todos los problemas, dolores y sufrimientos que ésta pueda pasar.
Eliminamos poco a poco situaciones en las que creemos causarian sufrimiento innecesario a estas personas y a las que están a su alrededor, pero lo que no nos damos cuenta es que de esta manera eliminamos también la posibilidad de ser mejores y de convertirnos en áquellas personas que teniendo una vida más complicada por su limitación sea física o mental son un ejemplo, y las personas a su alrededor en verdaderos heroes: "Comprendí que el Señor miraba con amor mis virtudes y mis esfuerzos heroicos y supe que ellos atraían a Dios hacia mi corazón" (sor Faustina, Diario 758)
Un sacerdote que conozco comentó un día que alrededor de la persona que sufre aparcen hermosas flores; flores de compasión, de generosidad, de compresión, de cariño, y por qué no, de superación. ¡Con cuánto amor abraza una madre a un niño que se ha hecho daño, o que padece dolor o tristeza!
Dios nos ama tanto que tomó esta parte negativa de nuestra naturaleza, que es el dolor, y lo convirtió en algo positivo y digno a través el cual podemos hacer mucho bien.
La Pasión de Cristo es como un libro abierto en el que se recogen todos nuestros sufrimientos: la tristeza, la angustia, la desesperación, el miedo, la soledad, el abandono, la injusticia, la humillación, el sufrimiento físico constante y extremo, indicándonos que todos y cada uno de los sufrimientos posibles tienen gran valor a los ojos de Dios, nuestro padre que nos quiere tanto, y a la hora de ayudar el mundo.
Es en el amor, donde encontramos respuesta al sentido de nuestro dolor: fue el grandísimo amor de Dios por los hombres que hizo entregar su único hijo para darnos vida eterna, y fue también el intenso amor de Jesús por nosotros, que a través de su durísima Pasión, logró nuestra salvación. Las palabras de Jesús: "Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34), dichas en la cruz, al final de su Pasión, muestran su gran compasión y amor hacia nosotros, que no perdió ni un sólo momento.
Es cierto que nosotros somos muy débiles en comparación con nuestro Señor, pero también somos hijos de Dios, y aceptando su voluntad que desea para nosotros en ese momento y ofreciendo nuestro dolor con cariño, y sumándolo al de Jesús, podremos ayudarnos mucho y ayudar a los demás: "Hay un sólo precio por el cúal se compran las almas y este es el sufrimiento unido a Mi sufrimiento en la cruz. El amor puro comprende estas palabras, el amor carnal no las comprenderá nunca". (Diario 324)
En un comentario del padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, sobre el evangelio de San Marcos donde Jesús sana a muchos enfermos (Marcos 1, 29-39) describe la actiud de la Iglesia Católica hacia los enfermos: "Los enfermos no son miembros pasivos en la Iglesia, sino los miembros más activos, más preciosos.A los ojos de Dios, una hora del sufrimiento de aquéllos, soportado con paciencia, puede valer más que todas las actividades del mundo, si se hacen sólo para uno mismo." El sufrimiento se convierte, por tanto, en algo útil y con sentido, que sólo conoceremos cuando lleguemos al cielo y veamos cúanto bien hemos hecho.
Para ofrecerlo con amor, debemos primero aceptarlo; nos econtramos en una situación que no deseamos, que nos cuesta, que nos duele, y en algunos momentos casi nos supera, pero debido a que lo ofrecemos con amor, nuestro sufrimiento tendrá sentido y la desesperación no derrumbará nuestro ánimo.
En la aceptación con amor de nuestro dolor, aceptamos la voluntad de Dios que quiere para nosotros en este momento de nuestras vidas. Somos obedientes como lo fue Cristo en la amargura del Huerto de los Olivos y nos convertimos así en la verdadera familia de Jesús: "Todo el que cumple la voluntad de mi Padre que está en los Cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre"(Mt 12,46 )
El amor es la clave: la importancia no recae en la grandeza de la acción, sino en el amor que pusimos en ellas: "Un gran amor sabe transformar las cosas pequeñas en cosas grandes y sólamente el amor da valor a nuestras acciones; y cúanto más puro se hace nuestro amor, tanto menos tendrá que destruir el fuego del sufrimiento y el sufrimiento dejará de serlo para nosotros"( Santa Faustina, Diaro 302))
De alguna manera el Señor, aún haciéndonos humanos con nuestras debilidades, nos ha querido hacer perfectos en potencia, aún en los momentos más difíciles como son aquellos en los que sufrimos enormemente. Dios que es todo amor, nos ofrece una vida terrenal con oportunidades en todo momento para amar; desea que en todo momento amemos y nos demos por amor, por eso en el dolor, momentos difíciles para poder orar o ayudar a los demás, lo único que debemos hacer es ofrecerlo al Padre que está en los cielos y Él hace el resto.