“Proclama que la misericordia es el atributo más grande de Dios.  Todas las obras de mis manos están coronadas por la misericordia” (Diario 301)

Cada sacerdote, como cada persona, es un hombre distinto, un pequeño mundo.  Cada uno goza de una característica especial; algo que los hace únicos.  Unos son mejor oradores, otros son más profundos y espirituales; unos tienen mejor don de gente, otros gozan de más fuerza física para trabajar manualmente y otros, por ejemplo, tienen más paciencia para escuchar las necesidades diarias de sus feligreses.

Todas estas facetas son cómo las distintas páginas de un solo libro, que es Dios.  Cada uno de nosotros ha heredado un don, que nos hace destacar frente a los demás.  Pero si el atributo más grande de Dios es su infinita misericordia y compasión por nosotros y por el mundo, ésta debe ser la característica principal que más deben desarrollar sus representantes.

“Cada alma y especialmente el alma consagrada debe reflejar en sí Mi misericordia.  Mi corazón está colmado de piedad y misericordia para todos.  El corazón de Mi esposa tiene que ser semejante a Mi corazón, de su corazón tiene que brotar el manantial de Mi misericordia para las almas, si no la desconoceré.”(Diario 1148)

La misericordia de Dios es tan grande que se escapa a nuestro entendimiento, y de alguna manera nuestros pequeños corazones no podrán nunca asemejarse en magnitud a la bondad de Nuestro Señor.  No podemos explicar a Dios desde nuestra perspectiva de hacer y sentir las cosas.  Sólo podemos admirarlo y siempre, siempre confiar en su misericordia.

“Mi corazón sufre  a causa de que ni las almas elegidas entienden lo grande que es Mi misericordia; en relación (conmigo) en cierto modo hay desconfianza.  Oh cuánto esto hiere Mi corazón.  Recuerden Mi pasión y si no creéis en Mis palabras, creed al menos en Mis llagas”. (Diario 379)

A veces no resulta fácil dejar ver a una persona que está obrando mal y que es necesario que se arrepienta y vuelva a Dios.  Para ello, esa persona necesita la voluntad.   Cuando eso suceda, y esa persona busque alivio y consuelo en un sacerdote, Nuestro Señor prometió a aquellos de sus representantes que proclamasen la misericordia de Dios, la gracia especial de tocar los corazones de aquellos a los que se dirigiesen:

Diles a Mis sacerdotes que los pecadores más empedernidos se ablandarán bajo sus palabras cuando ellos hablen de Mi misericordia insondable, de la compasión que tengo por ellos en Mi corazón.  A los sacerdotes que proclamen y alaben Mi misericordia, les daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y sacudiré los corazones a los cuales hablen” (Diario 1521)

Un sacerdote me comentó una vez, que ver  la felicidad en el rostro de una persona que sufre no se paga con nada.  La transmisión del mensaje de la misericordia y el amor de Dios por cada uno de nosotros, es llenar de felicidad los corazones de aquellos que en este momento sufren alrededor nuestro por no tener paz a causa de sus pecados.   Esa felicidad, es el sentimiento de sentirse inmensamente querido y perdonado.

“Es un sacerdote según Mi corazón, Me agradan sus esfuerzos (…) A través de él derramo consuelo a las almas dolientes, atormentadas (…) por medio de él Me he complacido difundir el culto a Mi misericordia.  A través de esta obra de misericordia se acercarán a Mí más almas de cuántas se habrían acercado si él hubiera continuado absolviendo día y noche hasta el fin de su vida, porque en tal caso él trabajaría apenas hasta el fin de su vida, mientras que por esta obra trabajará hasta el fin del mundo.”
(Diario 1256, sobre Padre Miguel Sopocko, confesor y director espiritual de Santa Mª Faustina).
Los sacerdotes: Los Primeros que deben extender la Misericordia de Dios en el mundo
“Deseo atravesar el mundo entero y hablar a las almas de la gran misericordia de Dios.  Oh sacerdotes, ayúdenme en esto, usen las palabras más convincentes sobre su misericordia, porque toda expresión es muy débil para expresar lo misericordioso que es”. (Sor Faustina, Diario 491)
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