Aquello que más nos atemoriza de la muerte, más que la muerte en sí, es la idea de poder estar solos en el dolor, solos en la transición de esta vida a la vida eterna y que en todo ese proceso tendremos miedo y nadie nos podrá consolar.

Una de las mayores promesas de la veneración a la Divina Misericordia de Dios es la de una muerte tranquila y feliz.  Cuando ese momento llegue, que ha todos nos ha de llegar, su Paz divina nos envolverá y no sentiremos ningún temor.  No estaremos solos, porque Él nos cogerá de la mano y cuando abandonemos esta vida los rayos de su infinita y divina misericordia envolverán nuestra alma y la justicia divina no nos alcanzará.

A las almas que recen esta coronilla, Mi misericordia las envolverá en vida y especialmente a la hora de la muerte” (Diario 754)

He abierto Mi corazón como una Fuente viva de misericordia.  Que todas las almas tomen vida de ella.  Que se acerquen con gran confianza a este mar de misericordia.  Los pecadores obtendrán la justificación y los justos serán fortalecidos en el bien.  Al que haya depositado su confianza en Mi misericordia, en la hora de la muerte le colmaré el alma con Mi paz divina” (Diario 1520)
Una muerte tranquila y feliz
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