Sacramento de la Comunión: Fuerza interior.
 
Cuando comulgamos le decimos a Jesús: “Padre, te necesito, quédate conmigo”

Más de una vez habrás pensado ¿por qué van algunas personas todos los días a misa?  ¿Qué necesidad o más bien qué beneficio encuentran allí?  Pues es muy sencillo: Fuerza y alegría interior.

No importa lo bien que nos vayan las cosas,  siempre encontramos pequeñitas piedrecillas en el camino con las que tropezamos.  Y si no es así, nuestra mente parece que nos busca alguna preocupación con la que mantenernos ocupados. 

Pero hay situaciones en nuestra vida que por desgracia son muy duras de afrontar.  Es en estos momentos cuando necesitamos más que nunca la presencia de Dios en nuestro interior: "La Comunión eucarística fortalece la presencia de la vida divina en nosotros por la gracia y acrecienta objetivamente nuestra amistad con Dios. Se convierte así en una raíz profunda que hace que nuestra amistad con Dios sea firme, como los troncos de los grandes árboles, que aunque las ramas sean mecidas violentamente por el viento, ellos no se mueven. O como el fondo del océano, que aún en la peor marejada permanece inmóvil, en quietud. La idea es que esta amistad es interior, profunda, y que renueva nuestra vida espiritual. Por eso, nos hace fuertes. Así, los padres de la Iglesia llaman a la Eucaristía el pan de los fuertes usando la figura del salmo 78,25."(P. Miguel, Roma)

Cuanto más comulgamos más serenidad alcanzamos, porque nos llenamos de Él.

“La vida eterna debe iniciarse ya aquí en la tierra a través de la Santa Comunión.  Cada Santa Comunión te hace más capaz para la comunión con Dios por toda la eternidad”. (Diario 1810)

Y mayor que nuestro deseo de llenarnos de Dios es el deseo de Dios de estar en nuestro corazón: 

“Oh, cuánto Me duele que muy rara vez las almas se unan a Mí en la Santa Comunión.  Espero a las almas y ellas son indiferentes a Mí.  Las amo con tanta ternura y sinceridad y ellas desconfían de Mí.  Deseo colmarlas de gracias y ellas no quieren aceptarlas.  Me tratan como una cosa muerta, mientras que Mi corazón esta lleno de Amor y Misericordia.  Para que tú puedas conocer al menos un poco de Mi dolor, imagina a la más tierna de las madres que ama grandemente a sus hijos, mientras que esos hijos desprecian el amor de la madre.  Considera su dolor.  Nadie puede consolarla.  Ésta es solo una imagen débil y una tenue semejanza de Mi Amor”. (Diario 1447)

"Deseo unirme a las almas humanas.  Mi gran deleite es unirme con las almas.  Has de saber, hija Mía, que cuando llego a un corazón humano en la Santa Comunión, tengo las manos llenas de toda clase de gracias y deseo dárselas al alma". (Diario 1385)

"Ves que aparentemente no hay en Mí ninguna traza de vida, no obstante, en realidad ella existe en toda su plenitud y además encerrada en cada Hostia.  Pero para que yo pueda obrar en un alma, el alma debe tener fe.  Oh, cuánto Me agrada la fe viva". (Diario 1420)
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La Oración: Paz diaria
"Oh Jesús, cuando vienes a mí en la Santa Comunión, Tú que te has dignado morar con el Padre y el Espiritu Santo en el pequeño cielo de mi corazón, procuro acompañarte durante el día entero, no Te dejo solo ni un momento(.....)  Con Jesús voy a todas partes, su presencia me acompaña en todas partes" (Sor Faustina, Diario 486)